lunes, 24 de agosto de 2009

Chile. 2º y 7º día. Río Emperador Guillermo.

Nos dirigimos temprano a este mítico río. Y empecé a conocer lo que es el rípio, y los paisajes de esa parte del mundo. Llegamos a una zona que estaba justo a la salida de una garganta que se cruza por un puente de madera que no me dio ninguna confianza. Pero yo iba a pescar...
Y empecé. Por supuesto a seca, que es lo que menos practico aquí, en Andalucía. Primero con tricópteros de pelo de ciervo. Las picadas no se hicieron esperar, y, una vez pasados los primeros momentos de tanteo, la pesca fue espectacular. Sobre todo entraban truchas comunes. Después comencé a experimentar, movido también por la bajada del ritmo de picadas. Puse efémeras en parachute y recobré el ritmo. Luego probé moscones del tipo de las Stimulator. También entraban a las del nº 12; más grandes las rechazaban.
Cambiamos a otro tramo también delimitado por un puente. Aquí el río iba fuerte, por las últimas lluvias, y dificultaba el vadeo. Una vez dentro del río, la pesca dio truchas más grandes, algunas arcoiris que no había manera de sujetar con la caña del 4 cuando se tiraban río abajo.
Finalmente, tras el almuerzo, bajamos a un tramo ancho y de fuerte corriente. El vadeo no era fácil. Pero las truchas seguían entrando en los blandos,. Siempre a seca y con la caña del 4.
La siguiente jornada de pesca en este río fue días después. Empecé como la primera vez, a seca. Pero no entraban. Cambié a ninfa y ... uff. ¡Qué manera de picar y sacar peces! Pero esta vez se invirtió la proporción de arcoiris y comunes. Ahora eran casi todas arcoiris, mejor dicho locomotoras arcoiris. Los lugares fueron dos de los del primer día. Con una ninfa de cabeza dorada del 18 el ritmo era tan simple como lanzar y clavar. Eso sí, las más gordas en los lugares mejores. Lo de la lucha de las arcoiris es increíble. A igualdad de tamaño, tiran 3 veces más que las comunes. De hecho ese día quizás hubiera sacado más con una caña del 5, con la que hubiera parado mejor a estas truchas cuando se descolgaban por las corrientes. El nombre ese de "el río de las 100 truchas" no es una exageración.

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