domingo, 19 de septiembre de 2010

La velocidad de recuperación y los caprichos del black-bass

Otra tarde de pesca de black-bass. En un principio el destino era El Chorro. Allí, además de bass, hay lucio, y siempre se tiene el aliciente de clavar algo de tamaño respetable. Pero había una buena eclosión de domingueros con mascotas caninas bañándose. Por eso cambié de escenario y me fui a Peñarrubia, a sabiendas de que el tamaño iba a ser menor, pero al menos estaría más tranquilo.
Como siempre, empecé tanteando rincones con vegetación y cortados de piedra con mucho refugio para los peces. Y empezaron a salir tras las moscas, pero no atacaban. Comencé el ritual: cambio de mosca, primero; luego, el grosor del nailon; después, otra vez la mosca. Cambié también de lugar y nada, salvo una captura esporádica que, al final, sería el mayor pez de la tarde. Además su captura no estuvo exenta de suerte, pues se dio tras el tiempo que tardé en desenredar un nudo en la línea. Eso hizo que la  mosca profundizará más y, nada más arrastrar unos centímetros el señuelo, se produjo la picada. El bass además venía escoltado por un grupo de compañeros que iban dándole bocados en la cola, incluso cuando ya lo tenía en la orilla con medio cuerpo fuera y únicamente la cola dentro del agua.

Este fue el mayor de la tarde. Los compañeros lo perseguían con saña

Tanteé varios sitios y la suerte fue la misma: capturas esporádicas y muchos basses tras la mosca sin picar. Y he aquí que en una de esas situaciones en que un grupo de basses sigue la mosca, se me ocurrió arrastrar el streamer con la punta de la caña, a mayor velocidad que la que le proporciona el tirón típico con la mano. Resultado: picada tras picada de varios de los integrantes del cardumen. Todo era cambiar la velocidad de recuperación; pero no con tirones cortos, sino arrastres largos de la mosca, con un movimiento amplio y prolongado del brazo, desde el puño de la caña hacia atrás.
Lo curioso del caso es que en el otro pantano los peces se comportaron de la misma manera.
Finalmente comentar que hoy, como me habían dicho hacia unas semanas, los peces tenían poca fuerza, su defensa era bastante débil para lo que acostumbra a hacer este pez. ¿Por qué?

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Un clásico: el síndrome de la otra orilla

En esta entrada resumo dos días de pesca en el embalse del Conde del Guadalhorce.
La primera en la orilla que te resguarda del siempre dominante viento de levante. La tarde no dio para mucho. Varios basses de pequeño tamaño y un par de ellos más decentes sacados a spinning por mi hijo. ¿Anécdotas? Las clásicas: un pez muy bueno que (no se me escapó, no) sólo me siguió el streamer de lucio: era un bass. Otra: tras varios minutos lanzando  a los árboles sumergidos de la orilla de enfrente de la recula, me muevo 1 metro y me sale de los pies un lucio que andaba escondido entre la vegetación de la orilla, a medio metro de mí. Lo más interesante, quizás, fue la prueba que hice con un popper (pencil popper) que había montado para el mar. Lo atacaban los basses como locos pero no se clavó  ni uno. Supongo que atacaban la cola de material brillante.




La tarde siguiente la echamos en la orilla de enfrente porque parecía que el viento se había calmado y, además, tenía alguna noticia de la zona. Para mí, el bolo. El niño, en cambio, sacó 3 basses y un luciete. Todo ello a pesar del incordio de los tábanos de las orillas. ¡Vaya tardecita que dieron!

Las moscas que más usé. Se puede ver el popper. La verde, para las aguas tomadas

Algunas imágenes de capturas y del lugar:













domingo, 5 de septiembre de 2010

Lo que está haciendo la Administración con el río Castril




Los medios que usa nuestra administración para hacer una obra amparada en un decreto declarado nulo de pleno derecho.

Información: http://www.riocastril.com/


miércoles, 1 de septiembre de 2010

Mar grande, peces...

Pequeños. Muy pequeños. Parecía una guardería; eso sí, bien poblada. Hay bailas a miles, pero todas pequeñas, al menos las que yo localicé.  Además, a mosca no se me clavaban; en cambio, a spinning sí que se clavaban, incluso con anzuelos más grandes. Pero sólo ver los ataques tan feroces de estos pececillos distraía.

Unas fotos del escenario de pesca.








Este era el tamaño más habitual, pescando desde la playa.



Se puede observar el vinilo al que entran. Hay que decir que es muy fácil lanzarlo con una caña de mosca, por ejemplo del 7. Debajo, pongo las moscas que utilicé. Como dije arriba, hasta las de anzuelos más pequeños eran rechazadas o , cuando las atacaban, que lo hacían con furia, no se clavaban. Supongo que será la velocidad de recuperación.