miércoles, 28 de diciembre de 2011

Barbos de invierno

Tras casi dos meses sin pescar, no podía despedir el año sin hacer una visita a mis queridos barbos. Sabía que el río no iba muy alto; pero por eso mismo debería ir muy claro (¡cómo iría si depuraran lo que queda de algunos pueblos!).
Como el frío no ha sido muy intenso todavía, las esperanzas de que estuvieran activos eran altas. No estuvo mal. Había peces comiendo arriba y se veían bastantes en las corrientes profundas, donde este verano apenas había. El río ha cambiado: los fondos ahora sí son normales; ya no tienen esa capa de arena y están tan resbaladizos como deben estar: a mí me costó un remojón al final de la tarde, que me hizo dejar de pescar.
Clavé tres y sólo saqué dos; el otro partió. La conclusión es que el río está mejor (obviado lo del puente que se ve al principio del vídeo; luego se aclaró ese tramo también) y que hay bastantes peces. Pero sólo entran bien los que están comiendo arriba, si logramos que no nos rechacen, ya sea por el hilo (demasiado fino lo parten) ya sea por la mosca. A ninfa no se les ve muy agresivos, pero entran si se insiste.




 



domingo, 30 de octubre de 2011

Barbos con hormigas

Esta semana pasada salieron las "alúas" (hormigas con alas) y eso es sinónimo de buenos días de pesca  de barbos, si los ríos van en condiciones. No iba mal en este caso. Llegué a la hora de comer. Mientras me comía un bocadillo me asomé a un tramo de río para comprobar cómo estaba de peces. Y sucedió lo de siempre: me tuve que comer el bocadillo a la bulla.
Observad cómo quedó la ninfa negra tras la picada de un barbo que se soltó. La hormiga dio mejores peces; a las ninfas entraban mucho los pequeños y los bordallos. Sí la lanzabas a pez visto era otra cosa. Aun así no debía caer demasiado brusca la cabeza dorada; con la seca, en cambio, una posada brusca, teniendo en cuenta que se trata de una seca, no era malo.
Las moscas



Pretendía fotografiar la hormiga





No pesqué ni tres horas, pero fue impresionante. Los peces seguían engolosinados con las hormigas. Entraban con una decisión inusitada, incluso a 2 metros del pescador. Me salí del río casi una hora antes de que llegara el atardecer., completamente satisfecho. Peces de todos los tamaños: grandes, medianos, pequeños. También salieron, a ninfa, algunos cachuelos.

Pongo también un vídeo de la lucha con varios peces.

domingo, 9 de octubre de 2011

Encuentro ACPES en Puente Ortega

Bonita jornada de convivencia la que se vivió este fin de semana en este precioso coto del Guadalquivir. Suele ser una buena época para la pesca de este coto jienense. Así nos lo corroboró algún socio que llevaba un par de días por allí. También nos dijeron Antonio Guirao y Rafa Muñoz que esa tarde del viernes las truchas no se comportaron tan bien como lo habían hecho hasta ese día.
Por la noche, charla, cachondeo, buena comida y lo propio de una reunión de pescadores.
La mañana del sábado se levantó fresquita pero despejada, y llena de ilusiones de pesca. Se intentó, por mi parte, pero no toqué ni una. Juan Antonio sí que sacó tres pequeñas, a seca.
Cuando nos reunimos para la comida, lo más común era algo similar: poca trucha y pequeña, salvo un par de excepciones.
Despues de la paella en la Venta del PIno y de la tertulia obligada, regresamos al río. Tarde fresca, agua helada y unas cuantas cebadas que levantaron las ilusiones. Logré sacar una; Juan Antonio 2 ó 3 más; también se acumularon varios rechazos,  amén de algunos fallos, de los pescadores, no de las truchas. Pero duró poco. Pararon de cebarse y se acabó. Decidimos salirnos del río, ateridos (!qué fría está el agua¡), y pensando en el largo camino de regreso.

Por la mañana
Camino del río, cordobeses y malagueño


Primeras vistas del tramo




Ya dentro del río




Por la tarde

Al agua otra vez

¡Qué librea tienen!

Intentándolo a seca

viernes, 7 de octubre de 2011

Otra jornada de barbos

Empieza a refrescar, al menos por la noche, y la pesca del barbo se vuelve otra vez excitante; hay que apurar las últimas jornadas de barbos antes de que las lluvias vuelvan impracticables los ríos. Y más en este río serrano, en cuyo valle y montañas circundantes llueve a cántaros y el caudal se mantiene muy alto tras las lluvias otoñales para poder pescar el barbo con mosca.
En esta ocasión dedicamos casi toda la jornada a visitar un tramo de río que teníamos algo olvidado. Y resultó que estaba en mejores condiciones que los tramos que acostumbramos a visitar en la parte alta del río, tanto en la calidad del agua como en la abundancia de peces. El río aun así tiene los fondos con una capa de arena que las obras del ferrocarril han ido depositando y que ha alterado el ecosistema acuático. Un río donde era difícil mantenerse en pie se recorre con cierta tranquilidad sin llevar fieltro o clavos en las botas.
Acabamos el día en el tramo superior. Ahí la pesca fue decepcionante para lo acostumbrado. ¿Dónde están los peces? ¿Hay algún factor que los haya hecho desplazarse de la zona? ¿La arena que tapiza gran parte del fondo puede haber influido?


lunes, 3 de octubre de 2011

Todo tiene su final...



El día 1 de agosto empezó a orillas del Missouri y acabó junto al bellísimo Gallatin, que en estas fechas aún llevaba el agua de ese color verdoso del deshielo. Y ya había bajado. Pero al menos no iba tomado. Fue verlo y querer pescarlo. Pero una tormenta nos devolvió al coche, vestidos de "quijotes". De esta guisa llegamos al hotel, y en la puerta nos quitamos el disfraz y nos fuimos a cenar y, a continuación, a descansar,
La mañana del día siguiente la dedicamos a visitar tiendas y a hacer algunas compras. En una de pesca nos preguntó la dependienta si habíamos pescado el Gallatin. "Estaba muy bien". Una vez terminadas las compras, decidimos probar suerte en ese río. Sólo hay que decir que, en la hora de pesca que pudimos echar antes de que se desatara otra tormenta vespertina, Antonio sacó 36 peces en 50 metros de río, apenas tres posturas.

martes, 27 de septiembre de 2011

Lucio, bass y la vuelta de Pedro

Quiero dejar constancia aquí no de la captura de un bass o un lucio o varios barbos, sino de la alegría de ver el regreso a este mundillo de la pesca de mi amigo Pedro. Me alegro de que estés de nuevo enganchado. Mejor comienzo que estos barbos es difícil.
 




domingo, 25 de septiembre de 2011

30, 31 de julio y 1 de agosto. Cerca del final


Tres jornadas de pesca en el Missouri. Grande, muy grande es el Missouri. Además venía bastante más alto de lo normal. De hecho, parecía que estabas pescando desde la empinada orilla de un pantano. Lo bueno es que las truchas son como el río: grandes, muy grandes. Y hay muchísimas.
Parece que todo está hecho a lo grande, hasta las eclosiones.

Llega el final del día.. y del viaje
 Unas cuantas imágenes del río



Pelícanos




El viento sobre el río


30 de julio
Salimos tempranito de Dillon en dirección a  Helena, donde nos abastecemos para los próximos días que vamos a pasar en Wolf Creek, un sitio en el que el nombre tiene más letras que habitantes el lugar. De hecho allí sólo hay pescadores; y un poco más abajo, en Craig, todo gira en torno a la pesca: albergue para pescadores, tienda para pescadores, aparcamientos, accesos concertados con los propietarios de tierras colindantes con el río, viento para pescadores, tormentas para pescadores...
Me salto todo lo relativo a la intendencia y el albergue. Nada más comer decidimos ir a conocer el río. Aparcamos y nos acercamos para mirar el río. Son las 3 de la tarde y hay tiempo para pescar. Pero... el río hierve de cebadas de truchas, no, de truchones. Y de repente comienza una eclosión de tricópteros alucinante. Nubes de bichos que se te meten en los ojos, por la camisa, que cubren el vadeador y que engordan a las truchas. A pescar, sin dilación.
Aun así no fueron fáciles de pescar, hasta que Antonio encontró el menú que estaban tomando. A eso se unió el viento (que casi siempre sopla) que dificulta poner la mosca en su sitio y el comportamiento errático de las truchas al cebarse: no simpre están en una postura, sino que se mueven al estilo de los barbos de aquí: cebada aquí y luego allí, más arriba o más abajo.
Yo tardé en estrenarme, pero Antonio clavó unos cuantos pepinos, amén de un puñado que le partieron.
Finalmente una tormenta que por poco si me lleva como si fuera una gorra nos despide hasta el próximo día.

Una arcoiris, más bien pequeña.

Esta, de Antonio, sí es de la talla

Mi común

La misma

¿Qué son?


31 de julio
Nos encontramos temprano en el río, ya que así nos lo recomiendan en la tienda de Craig, donde ya nos conocen y donde un par de dependientes chapurreaban español, además de algún  guía, que, al oírnos, se acercó, a ver si picábamos como una trucha y nos vendía una flotada.
Las truchas ya estaban cebándose a los tricópteros. Sólo había que poner la mosca apropiada a la vista del pez y clavar el truchón correspondiente. Fácil de contar pero no de hacer, al menos para mí. Bastante más fácil lo hacía Antonio que seguía clavando arcoiris y comunes (¡cómo tiran las comunes aquí!) tamaño "standar" del Mo, como lo llaman allí.
1 de agosto
Así bajan algunos pescadores: en pato
Nos despedimos del Mo pasando media jornada lanzando a sus truchones. Yo consigo el mío. Antonio ya no cuenta, pues había sacado de sobra. Al final ni quería sacar truchas: andaba detrás de un sucker (barbo de allí). JE, JE.


domingo, 11 de septiembre de 2011

27, 28 y 29 de julio. 8º, 9º y 10º día de pesca.


Octavo día
El 27 por la mañana abandonamos Ennis y nos dirigimos a Dillon. Aquí la fama la lleva el río Beaverhead y sus monstruosas marrones. Pero ya por la ciudad de Twin Bridges (donde está la fábrica de Winston) vemos el río turbio. Sólo queda la esperanza de que más arriba, sin el agua del Ruby, vaya mejor. Pero en el camino a Dillon lo volvemos a ver y comprobamos que baja también tomado.
Las conocemos

Para probarlas

Llegamos a Dillon y descargamos en el hotel. Luego visitamos las tiendas de pesca para ver las moscas que pueden sernos de ayuda y además nos aligeren el bolsillo. Nos dirigimos río arriba para encontrar un famoso acceso de pesca, Henneberry. Pero antes nos cruzamos con un acceso al Poindexter Slough Creek. Este "creek" no es más que una especie de gran acequia derivada del Beaverhead. De hecho sufre los mismos cambios de color que el río principal. Cambia, en cambio, en cuanto a su estructura. Pero por suerte no en cuanto al tamaño de sus peces. Nos asomamos a verlo y... el río está lleno de cebadas. El aparcamiento también de pescadores. Nos olvidamos del acceso de más arriba y, una  vez equipados, nos dirigimos al río.
Truchas difíciles, como todas las selectivas, hasta que das con la mosca, cosa que hizo Antonio. Cuando pararon las cebadas cambiamos a ninfa. Aquí cambió también mi suerte. Clavé una común de 20 pulgadas, a pez visto, que si no es por la ayuda de Antonio no saco ni de broma, con un terminal del 0,10 que llevaba.
Estuvimos hasta el oscurecer. En el aparcamiento nos encontramos con pescadores de todos los colores: refinados mosqueros y abuelos con nietos lanzando sus boyas a las truchas que se cebaban. También nos encontramos otro amable pescador que nos preguntó, en español, con qué las estábamos pescando. Le dimos una muestra y nos retiramos.
Noveno día
Al día siguiente, 28, nos dirigimos temprano al río para intentar coger la eclosión de caenis. Pero nada más llegar vemos que el Poindexter está más tomado que la tarde anterior. Decidimos conocer la parte alta del río Beaverhead. Llegamos hasta el embalse de Clark Canyon. Bajamos otra vez e intentamos pescar este tramo alto, pero sin resultados. Sí que pudimos ver al primer pescador que clavaba algo desde una barca.
Volvimos a Dillon y buscamos una imitación de carne que Antonio había visto en el Poindexter. En la segunda tienda que visitamos, Antonio encontró algo cercano. Cuando Antonio le señaló a la mujer la que quería nos dijo: ¿Para el Poindexter, no?
Por la tarde ya estábamos otra vez junto el precioso río. Se cebaron otra vez. Pero las moscas con las que logré engañar algunas truchas fueron tricópteros y comparadun.



Décimo día
El 29 nos dirigimos al cercano Big Hole. Este río había sido recomendado de manera encarecida por Will, dueño de Phasmid Rental Vehicles,  a Antonio. Empezamos en una garganta en la que Antonio sacó un buen puñado de comunes a ninfa. Luego nos movimos a otro tramo de aguas también movidas, algo más arriba. Allí clavé varios whitefish, pez muy abundante en este río. Por la tarde descansamos en uno de los accesos de pesca (Salmon fly) en Melrose y luego nos dirigimos a otro tramo (Maiden Rock) que no nos dio gran juego. Volvimos a Dillon.
El 29 volvimos al tramo de río que transcurre entre las ciudades de Wise River y Melrose. Lo de ciudades es un decir: son pueblos muy pequeños. Echamos gasolina en Melrose. Como no encontraba donde pagar, entré en el bar que estaba al lado. Era allí. Aprovechamos para refrescarnos con unas cervezas. La camarera nos preguntó si íbamos a flotar el río. Le dijimos que no y le preguntamos por un restaurante. Nos dijo que allí también ponían de comer. Pues nada. Allí comimos. Bueno, vuelvo al hilo del relato para contar que en ese tramo del Big Hole ya logré estrenarme con una buena marrón y alguna pequeña iris.
Por la tarde subimos a Jackson, alto Big Hole. Es un largo recorrido por una carretera que discurre junto al río. Las vistas del valle son bellísimas. Por encima de Jackson encontramos el camino que nos llevó al tramo donde abundaban los salvelinos, brook trout. Pues sí, había muchos. Y gordos. Y locos. Y salvajes. ¡Cómo luchan! Ahí sí que pierdes la vergüenza pescando: a ninfa, a secas grandes... Antonio, con el tandem de ninfas, también hizo dobletes.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Barbos y black-bass

Resumen de un par de salidas, una al bass y otra a nuestro adorado barbo.
Los basses no se movieron  mucho; sólo al atardecer hubo algo más de acción. Lo de los barbos también fue algo diferente a lo acostumbrado. Primero pescamos un sitio "nuevo". Y los barbos se mostraron bastante recelosos y muy quisquillosos con las moscas. Sólo en las aguas rápidas los ataques eran más francos. Eso sí, los peces tienden a ser más pequeños en estas posturas.

La hora mágica

EL bass de 1,7 kg.

Otra imagen




El mayor de la tarde


Bajo estas algas se refugian

Este entró a un streamer