martes, 30 de agosto de 2011

23 de julio. Día 4.

Por la mañana temprano nos dirigimos a la zona que nos recomendaron del lago Hebgen. Montamos cañas, patos... y a pescar. No se vieron apenas cebadas y los resultados fueron nulos. Lo que había era bastante tráfico de barcas, lo que indicaba que pescar sí que pescaban.
Por la tarde nos decidimos por visitar el estado vecino, Idaho, y pescar en uno de los ríos más famosos de toda América, el Henry's Fork of Snake River. Lo primero era conseguir la licencia de Idaho,  que compramos en la tienda de una gasolinera. La única dificultad fue convertir los centímetros de la estatura a las unidades anglosajonas. Fue un momento simpático.
¿El río? Bellísimo, de ensueño. Un río "pensado" para la mosca seca. Y además se cebaban; otra cosa era engañarlas: selectividad, dragados...
Tramo con muchos pescadores, pero muy amables y respetuosos. En el aparcamiento, entablamos conversación con unos que sabían algo de español y conocían nuestro continente. Nos dieron una idea de cómo estaba la pesca: no muy buena, pues la noche anterior había sido muy fría y las eclosiones se estaban resintiendo. De todas maneras nos contó que, visto que no se movían mucho, se había dedicado a recorrer la orilla para localizar las "grandes": ya tenía alguna apuntada, nos dijo. Lo repito: amabilísimos. Se respira pesca por todos lados. Para ir y quedarse.
También había "domingueros" bajando en barcas y flotadores; pero se disculpaban por las molestias causadas. La realidad es que ni esto ni los pescadores que se te ponían por encima, siempre respetando las distancias, interfieren en las cebadas de los peces. Eran continuas: a la derecha; ahora por debajo; luego por encima; a la izquierda... Increíble.

domingo, 28 de agosto de 2011

Dos de barbos

Resumo dos salidas de barbos. Una de Juan Antonio y mía, más el acompañante, que no se engancha a la la pesca con mosca; la segunda, con Juan Ramón y José. Dos buenas salidas, pues en un par de horas se sacaron unos 8 peces por cabeza, entre ellos algunos buenos. Es de notar la recuperación del río. Hay nubes de alevines y muchos pequeños barbos. Además vuelven a verse bordallos y bogas.
 
Los pescadores


Una de mar

Para variar, os dejó unas imágenes de una jornada de pesca en la playa. El spinning nos barrió a los mosqueros: 7-0.

Baila


Palometón


martes, 23 de agosto de 2011

22 de julio. Día 3. II

Por la tarde, después de una siesta patria, fuimos a conocer otro tramo del mítico Madison. Yo estaba ansioso por llegar a este tramo. Pero la realidad es que no estaba el río como esperaba. Iba demasiado alto para la seca. De hecho me quedé algo perplejo. Sólo con la ayuda y consejos de Antonio (ver los aspectos técnicos en su blog) logré enfrentarme al Madison. En defenitiva había que pescar con ninfa, y muy profundo, además con un molesto viento provocado por las tormentas que nos pasaron cerca. Realmente yo no estaba preparado para eso. Pero algo pude hacer. Hasta logré clavar varios "whitefish", peces que se mueven por el lecho fundamentalmente y que , cuando los clavas, parece que has enganchado en el fondo: no hay manera de subirlos, coño. Y truchas, de muy buen tamaño. Todas por encima de los 40 cm,  tanto comunes como arcoiris.

domingo, 21 de agosto de 2011

22 de julio. Día 3. I

Cambiamos de lugar. Nos vamos a West Yellowstone, entrada noroeste del P.N Yellowstone. Desde este lugar podemos acceder al alto Madison, su lago Hebgen y al Henry's Fork of Snake.
El viaje se puede hacer por dos lugares distintos: uno más corto, que ya conocíamos desde el día en que pescamos el Gibbon y el Madison; y otro más largo que subía paralelo al río Yellowstone, bordeaba el lago del mismo nombre y bajaba pararelo a otro río mítico, el Firehole, hasta West Yellowstone, localidad tremendamente turística. Hicimos este segundo recorrido. Nosostros nos alojaríamos en unas cabañas junto al lago Hebgen, que intentaríamos pescar a la mañana siguiente.
La información que teníamos del río Yellowstone no era muy halagüeña: iba muy alto. La verdad es que no se sabía si era río o era lago: se metía por los afluentes arriba. Impresionante. Pero más impresionante son el cañon y las cataratas. Es para verlo.



El río Yellowstone entre el lago y las cataratas






Luego llegamos a la boca por la que el gigantesco lago Yellowstone desagua en el río homónimo. Nos bajamos a ver el río y nos encontramos una sorpresa.
Continuamos hacia West Yellowstone bordeando el lago, con los picos nevados al Sur. Bajamos por la cuenca del Firehole, donde se encuentran los géiseres más famosos, como el viejo fiel (Old Faithful) y otros. Todo lleno de turistas y algún pescador.
Finalmente llegamos a West Yellowstone donde cursamos la visita de obligación a las tiendas en busca de moscas.  Luego nos fuimos a buscar el albergue junto al lago Hebgen.

La boca del Yellowstone

La sorpresa

El lago Yellowstone

Otra del Lago

Quedaba aún bastante nieve

Este es el río Firehole








En la ciudad de West Yellowstone



El lugar donde se ubicaban las cabañas y una por dentro. No eran muy resistentes a los ronquidos del compañero de Antonio.

viernes, 19 de agosto de 2011

21 de julio. Día 2.

Nos levantamos muy temprano (algo que se repetirá a lo largo del viaje) y nos dirigimos al corazón del P.N. Yellowstone, al rincón noreste, la zona más salvaje, "country bear". Por ahí discurre el Lamar, afluente del Yellowstone, y dos afamados subafluentes, el Soda Butte Creek y el Slough Creek. La información que tenemos es que el único pescable (aunque nos dicen que va alto) es el Slough Creek. Este río es famoso por la pesca con moscas secas de gran tamaño (tanto Greens Drakes y Greys Drakes como saltamontes imitados con foam o con las bonitas Stimulator) de sus grandes cutthroats. El río se divide en los llamados "meadows". En concreto hay cuatro: el de abajo, el primero, el segundo y el tercero. Dicen que la pesca es similar en cuanto a tamaño y cantidad; la diferencia está en la presión de pesca. El "lower meadow" se alcanza a ver desde el aparcamiento. En cambio al "first meadow" ya hay que echarle una caminata de casi una hora. Y tres horas al segundo.
Nos decantamos por el primero. Nos echamos a la espalda todo lo que necesitamos (o eso creemos, pues yo me olvido de la sacadera, ¿cómo no?) y empezamos la caminata por un sendero muy bien marcado. Vemos bastantes senderistas y pescadores que siguen la  misma ruta. Todos llevan el spray de pimienta contra los osos. Nosotros también. En la dura subida inicial adelantamos a un guía con dos clientes, que nos cuenta que se dirigen al "second meadow" y nos dice que se encuentra a 3 horas de caminata. Parece que quiere estar sólo allá arriba. Una vez se alcanza la cima del camino, el descenso te conduce rápidamente al tramo deseado, que aparece como una estampa bellísima, increíble: el río serpenteando entre los jugosos prados verdes, las colinas circundantes cubiertas de abetos oscuros y, de telón de fondo, las moles grises coronadas de nieve de las cordilleras más altas y alejadas. Como dicen los libros americanos, la pesca puede llegar a convertirse en algo secundario en lugares así. Pero yo no me lo creo del todo. Estoy ansioso por ver las subidas de estas truchas a los bicharracos que lancemos.
Caminando se hace camino





No empezó bien la pesca. Como el río no iba transparente, tuvimos que pescar al agua y posteriormente sobre cebadas más o menos esporádicas. Eso sí: cebada que veías, trucha que clavabas. De hecho estuvimos tanteando hasta que se dieron las primeras picadas. En  mi caso me subieron a una Adams grandota. Las primeras eran pequeñas. Pero se notaba que mejoraba la acción con el transcurrir de la mañana y con la eclosión de efémeras que, según me dijo un  pescador, eran Green o Greys Drakes. Luego vendrían las grandes.
El sistema era fácil: lanzar la mosca a los "undercuts", orillas más profundas socavadas donde se refugiaban las truchas. De hecho llegué a sacar una trucha que sólo pude oír cómo se cebaba debajo de mis pies. Retrocedí unos pasos para tener mejor visión. Hice un lance lo más ajustado que pude a la orilla y por encima de donde oi la trucha: picada inmediata.


Pequeña

Mediana

La gorda
Otro par de gordas de Antonio


Una vez que saqué esa grandota, unas 20 pulgadas, más o menos, como las llaman allí, me relajé. Así que entre la tensión de sacarla sin sacadera (es horroroso sentir la potencia de un pez así,  verlo en mitad de la corriente mostrando su panza  y flancos anaranjados y darte cuenta de que no llevas sacadera: me metí en el río y la tuve que abrazar tras acercarla tres veces con la caña del 6), la relajación posterior (léase temblor de rodillas) y el viento que se hacía cada vez más molesto, me volví a buscar a Antonio a contarle la hazaña. Él se había "hinchao": un montón de normalicas, varias grandotas y un bicharraco que se le fue.
Así que, satisfechos, decidimos volver. Nos quedaba otra buena caminata y con menos fuerzas que al principio. En el camino le comento a Antonio que me he encontrado con tres pescadores franceses que me preguntaron por León y Asturias. Que casi hago de guía a una joven pareja americana que, cuando les digo que apenas hablo inglés, descubren que soy español y me preguntan de dónde soy. Ellos conocían Andalucía. Les indico lo que sé del lago por el que me preguntan y se despiden. Comentamos lo amable que es esta gente y cómo algunas familias americanas que encontramos hablaban en español a los niños y en inglés entre el matrimonio. Llegamos temprano a Gardiner admirados del afán de aprender de los americanos y del poco inglés que sabemos  nosostros. Lo suficiente para no encontrar cerrados los bares, que cierran muy temprano: a las 9 de la noche lo normal es no encontrar nada abierto. Nos fuimos a cenar al K Bar, donde un "incidente lingüístico" nos hizo beber el doble de cerveza.

martes, 16 de agosto de 2011

20 de julio. Día 1. II

Los manantiales calientes, camino del Gibbon
En el camino nos cruzamos con el río Gibbon en uno de sus "meadows". Salimos del coche a mirar como dos tiros. Precioso. Ya se ven pescadores y guías. Además comprobamos que la temperatura, a estas horas centrales del día, es muy fresquita.
Dos imágenes del Prado Gibbon, en el Gibbon


Seguimos camino del Madison. Y de repente vemos un río perfecto para la seca. Y un paisaje increíble enmarcando la corriente. Pero también se ven coches de pescadores. En cuanto encontramos un sitio libre y que creemos apropiado, comemos, nos vestimos y nos dirigimos al río.
Una común del Madison

El Madison, dentro del P.N. Yellowstone
Antonio, tras una que se acababa de cebar
Otra del Madison

El río es ancho y con buen tiro, a pesar de su aspecto "plano". Empiezo con seca, por supuesto, pero no se mueve nada. Veo unos troncos un poco más arriba tras los que se forma un blando. Estoy mirando cuando veo cebarse una. Lance y trucha. En otro blando similar, más arriba lo mismo: cebadas y dos truchas más que suben pero se sueltan al ser pequeñas. Un poco más arriba saco otra común en un pozo que se forma en el centro del río, a ninfa. Se me une Antonio que me comenta que debería haber más movimiento de truchas en el río. Yo clavo una arcoiris, a seca, un poquito más grande. Antonio le da un repaso a la otra orilla. Me dice que ha clavado una buena, pero que no hay mucho movimiento. El río lleva el agua muy caliente. Puede que eso influya en la pesca y que no se muevan hasta muy tarde. Decidimos pescar el otro río, el Gibbon. Así, además, hacemos camino de vuelta. Entramos en un tramo de viva corriente que acaba en una buena poza. Tampoco nada del otro mundo. Salimos y nos vamos al "meadows" a esperar el sereno. Aquí sí que hay más cebadas. Antonio clava varias, una muy buena. Yo logro clavar un par de ellas. Todas comunes.


domingo, 14 de agosto de 2011

20 de julio. Primer día. I

La ruta

Nos levantamos temprano y nos dirigimos a una tienda de pesca que está a 200 m. del hotel Super 8. Allí ya podemos ver las barcas con las que acostumbran a pescar por allí, y, cuando entramos, lo que nos encontramos es el terror de las VISAS.
Lo primero era conseguir las licencias de Montana y del P.N. Yellowstone. Dicho y hecho. Datos personales, estatura, peso, color de ojos... y a pagar. Ya hemos pasado el examen para la licencia. Luego a ver moscas, miles de moscas. De hecho este es "el negocio" de estas tiendas, creo yo.
Salimos de la tienda, pasamos por un supermercado Walmart a llenar la nevera y partimos hacia Gardiner, entrada norte del P.N. Yellowstone. En el camino me acuerdo de que el chaleco que me iba a comprar no lo he comprado. Ya empezamos.

La tienda, en Bozeman, y el coche de Phasmid que llevamos

Barcas, en la puerta

Antonio mirando moscas




En Gardiner

Estamos en Gardiner y hemos visto ya el Yellowstone. y cómo va de agua. Nos registramos en el hotel, descargamos y a pescar. Nos decidimos por el Madison, dentro del Parque Nacional, porque está bien de nivel y hablan de eclosiones de tricópteros. Ya veremos.
Restaurante en Gardiner

El Yellowstone desde el puente de Gardiner
 La entrada Norte al P.N. Yellowstone