domingo, 25 de septiembre de 2011

30, 31 de julio y 1 de agosto. Cerca del final


Tres jornadas de pesca en el Missouri. Grande, muy grande es el Missouri. Además venía bastante más alto de lo normal. De hecho, parecía que estabas pescando desde la empinada orilla de un pantano. Lo bueno es que las truchas son como el río: grandes, muy grandes. Y hay muchísimas.
Parece que todo está hecho a lo grande, hasta las eclosiones.

Llega el final del día.. y del viaje
 Unas cuantas imágenes del río



Pelícanos




El viento sobre el río


30 de julio
Salimos tempranito de Dillon en dirección a  Helena, donde nos abastecemos para los próximos días que vamos a pasar en Wolf Creek, un sitio en el que el nombre tiene más letras que habitantes el lugar. De hecho allí sólo hay pescadores; y un poco más abajo, en Craig, todo gira en torno a la pesca: albergue para pescadores, tienda para pescadores, aparcamientos, accesos concertados con los propietarios de tierras colindantes con el río, viento para pescadores, tormentas para pescadores...
Me salto todo lo relativo a la intendencia y el albergue. Nada más comer decidimos ir a conocer el río. Aparcamos y nos acercamos para mirar el río. Son las 3 de la tarde y hay tiempo para pescar. Pero... el río hierve de cebadas de truchas, no, de truchones. Y de repente comienza una eclosión de tricópteros alucinante. Nubes de bichos que se te meten en los ojos, por la camisa, que cubren el vadeador y que engordan a las truchas. A pescar, sin dilación.
Aun así no fueron fáciles de pescar, hasta que Antonio encontró el menú que estaban tomando. A eso se unió el viento (que casi siempre sopla) que dificulta poner la mosca en su sitio y el comportamiento errático de las truchas al cebarse: no simpre están en una postura, sino que se mueven al estilo de los barbos de aquí: cebada aquí y luego allí, más arriba o más abajo.
Yo tardé en estrenarme, pero Antonio clavó unos cuantos pepinos, amén de un puñado que le partieron.
Finalmente una tormenta que por poco si me lleva como si fuera una gorra nos despide hasta el próximo día.

Una arcoiris, más bien pequeña.

Esta, de Antonio, sí es de la talla

Mi común

La misma

¿Qué son?


31 de julio
Nos encontramos temprano en el río, ya que así nos lo recomiendan en la tienda de Craig, donde ya nos conocen y donde un par de dependientes chapurreaban español, además de algún  guía, que, al oírnos, se acercó, a ver si picábamos como una trucha y nos vendía una flotada.
Las truchas ya estaban cebándose a los tricópteros. Sólo había que poner la mosca apropiada a la vista del pez y clavar el truchón correspondiente. Fácil de contar pero no de hacer, al menos para mí. Bastante más fácil lo hacía Antonio que seguía clavando arcoiris y comunes (¡cómo tiran las comunes aquí!) tamaño "standar" del Mo, como lo llaman allí.
1 de agosto
Así bajan algunos pescadores: en pato
Nos despedimos del Mo pasando media jornada lanzando a sus truchones. Yo consigo el mío. Antonio ya no cuenta, pues había sacado de sobra. Al final ni quería sacar truchas: andaba detrás de un sucker (barbo de allí). JE, JE.


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