domingo, 30 de octubre de 2011

Barbos con hormigas

Esta semana pasada salieron las "alúas" (hormigas con alas) y eso es sinónimo de buenos días de pesca  de barbos, si los ríos van en condiciones. No iba mal en este caso. Llegué a la hora de comer. Mientras me comía un bocadillo me asomé a un tramo de río para comprobar cómo estaba de peces. Y sucedió lo de siempre: me tuve que comer el bocadillo a la bulla.
Observad cómo quedó la ninfa negra tras la picada de un barbo que se soltó. La hormiga dio mejores peces; a las ninfas entraban mucho los pequeños y los bordallos. Sí la lanzabas a pez visto era otra cosa. Aun así no debía caer demasiado brusca la cabeza dorada; con la seca, en cambio, una posada brusca, teniendo en cuenta que se trata de una seca, no era malo.
Las moscas



Pretendía fotografiar la hormiga





No pesqué ni tres horas, pero fue impresionante. Los peces seguían engolosinados con las hormigas. Entraban con una decisión inusitada, incluso a 2 metros del pescador. Me salí del río casi una hora antes de que llegara el atardecer., completamente satisfecho. Peces de todos los tamaños: grandes, medianos, pequeños. También salieron, a ninfa, algunos cachuelos.

Pongo también un vídeo de la lucha con varios peces.

domingo, 9 de octubre de 2011

Encuentro ACPES en Puente Ortega

Bonita jornada de convivencia la que se vivió este fin de semana en este precioso coto del Guadalquivir. Suele ser una buena época para la pesca de este coto jienense. Así nos lo corroboró algún socio que llevaba un par de días por allí. También nos dijeron Antonio Guirao y Rafa Muñoz que esa tarde del viernes las truchas no se comportaron tan bien como lo habían hecho hasta ese día.
Por la noche, charla, cachondeo, buena comida y lo propio de una reunión de pescadores.
La mañana del sábado se levantó fresquita pero despejada, y llena de ilusiones de pesca. Se intentó, por mi parte, pero no toqué ni una. Juan Antonio sí que sacó tres pequeñas, a seca.
Cuando nos reunimos para la comida, lo más común era algo similar: poca trucha y pequeña, salvo un par de excepciones.
Despues de la paella en la Venta del PIno y de la tertulia obligada, regresamos al río. Tarde fresca, agua helada y unas cuantas cebadas que levantaron las ilusiones. Logré sacar una; Juan Antonio 2 ó 3 más; también se acumularon varios rechazos,  amén de algunos fallos, de los pescadores, no de las truchas. Pero duró poco. Pararon de cebarse y se acabó. Decidimos salirnos del río, ateridos (!qué fría está el agua¡), y pensando en el largo camino de regreso.

Por la mañana
Camino del río, cordobeses y malagueño


Primeras vistas del tramo




Ya dentro del río




Por la tarde

Al agua otra vez

¡Qué librea tienen!

Intentándolo a seca

viernes, 7 de octubre de 2011

Otra jornada de barbos

Empieza a refrescar, al menos por la noche, y la pesca del barbo se vuelve otra vez excitante; hay que apurar las últimas jornadas de barbos antes de que las lluvias vuelvan impracticables los ríos. Y más en este río serrano, en cuyo valle y montañas circundantes llueve a cántaros y el caudal se mantiene muy alto tras las lluvias otoñales para poder pescar el barbo con mosca.
En esta ocasión dedicamos casi toda la jornada a visitar un tramo de río que teníamos algo olvidado. Y resultó que estaba en mejores condiciones que los tramos que acostumbramos a visitar en la parte alta del río, tanto en la calidad del agua como en la abundancia de peces. El río aun así tiene los fondos con una capa de arena que las obras del ferrocarril han ido depositando y que ha alterado el ecosistema acuático. Un río donde era difícil mantenerse en pie se recorre con cierta tranquilidad sin llevar fieltro o clavos en las botas.
Acabamos el día en el tramo superior. Ahí la pesca fue decepcionante para lo acostumbrado. ¿Dónde están los peces? ¿Hay algún factor que los haya hecho desplazarse de la zona? ¿La arena que tapiza gran parte del fondo puede haber influido?


lunes, 3 de octubre de 2011

Todo tiene su final...



El día 1 de agosto empezó a orillas del Missouri y acabó junto al bellísimo Gallatin, que en estas fechas aún llevaba el agua de ese color verdoso del deshielo. Y ya había bajado. Pero al menos no iba tomado. Fue verlo y querer pescarlo. Pero una tormenta nos devolvió al coche, vestidos de "quijotes". De esta guisa llegamos al hotel, y en la puerta nos quitamos el disfraz y nos fuimos a cenar y, a continuación, a descansar,
La mañana del día siguiente la dedicamos a visitar tiendas y a hacer algunas compras. En una de pesca nos preguntó la dependienta si habíamos pescado el Gallatin. "Estaba muy bien". Una vez terminadas las compras, decidimos probar suerte en ese río. Sólo hay que decir que, en la hora de pesca que pudimos echar antes de que se desatara otra tormenta vespertina, Antonio sacó 36 peces en 50 metros de río, apenas tres posturas.